¿Es necesaria la humanización de la inteligencia artificial?

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Si te viste la última película de 'Buzz Lightyear', habrás notado que IVAN, el piloto automático, es uno de los grandes «personajes».

Sin ánimo de hacerles spoilers a los que no la hayan visto, IVAN es el asistente virtual ideal, el culmen de la inteligencia artificial en la que hoy se trabaja. Es un Siri o una Alexa, pero llevados a su máximo potencial.

En IVAN se realiza el anhelo del diseño de los asistentes virtuales hoy: la máxima humanización.

 

Otro caso del cine es la película 'Her' (2013), tal vez un caso más radical y asombroso.

 

De los bots de Whatsapp que llevan nombres de personas al asistente de Mercedes Benz, que se llama 'Mercedes', todos queremos que los robots parezcan personas.

Queremos darles rostro, nombre, una voz humana. Y quién quita: llegar a sentir su amistad o compañía.

¿De dónde viene este anhelo? ¿Por qué necesitamos «humanizar» o «rostrificar» las máquinas?

El rostro es todo un tema filosófico. Para algunos filósofos, solo los seres humanos tienen rostro. Los animales tienen cabeza y un rostro pobre, unos ojos perdidos en una profundidad que no entendemos.

El rostro es ante todo expresivo de estados de ánimo, pensamientos, experiencias. Pertenece al lenguaje tanto como las palabras. No vayamos muy lejos: para capturar expresiones y «decirlas» a otros por canales virtuales, hoy usamos emojis.

Todo esto nos indica algo: a nuestro alrededor, las máquinas han dejado de ser simples herramientas, utensilios, objetos que nos sirven para cumplir ciertos objetivos. 

 

Las máquinas hoy, mediadas por la inteligencia artificial, son ante todo medios de relacionamiento. No hacemos cosas con ellas, sino que ellas las hacen con nosotros, casi en cooperación. Tienen herramientas, pero ellas mismas son una multiplicación de nosotros mismos.

Hay tal vez una consecuencia que no hemos pensado: así como las máquinas se «humanizan», los humanos nos «maquinizamos». Patronizamos nuestros comportamientos, estandarizamos nuestro lenguaje, nos acostumbramos a que la máquina haga las cosas por nosotros.

 

No vamos a juzgar esto.

Solo diremos algo: a la hora de diseñar canales y tecnología con inteligencia artificial, debemos empezar por pensar no qué función cumplen, sino qué lugar ocupan para otros.

 

No preguntarnos: ¿qué diseñamos?

Más bien: ¿a quién diseñamos? ¿Qué tipo de persona estamos creando?

 

Parece quizás excesivo, pero ya nos lo enseña el cine de ciencia ficción.

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Simón Villegas Restrepo

Soy filósofo profesional y magíster en Filosofía. He trabajado en publicidad, marketing, contenidos e investigación de mercados. Mi interés es entender los mundos de los usuarios y los clientes para proponer servicios, soluciones y estrategias alineadas a sus hábitos y comprensiones del mundo. Creo en el poder de las humanidades y el arte para diseñar mejores negocios.

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